Como en toda revolución, la
rapidez con que se producen los cambios dentro de la informática y las comunicaciones
es vertiginosa y sus implicaciones sociales y económicas aun desconocidas. Las caducas reglas y el viejo orden establecido no son factores que impidan el movimiento y confrontación entre los
nuevos protagonistas. El
propio reacomodo de la nuevas estructura de poder no se detiene ante nada.
Las legislaciones y el entramado
jurídico necesario para sostener todo esto resulta insuficiente y se irá estructurando
a partir de la nueva realidad, nunca a la inversa. Como condición esencial el ordenamiento
jurídico necesita de los protagonistas y las relaciones que entre
estos se establecen. La historia conocida de la humanidad así lo confirma y la
ley de causa y efecto se cumple inexorablemente dentro de este nuevo fenómeno
que nos plantea la modernidad como dentro de cualquier otro.
Como resultado de esta nueva
dinámica, han surgido dos mega tendencias o grupos que defienden posiciones opuestas, llamémoslas filosófico-digitales o filosófico-informáticas. Por una parte el de las grandes empresas o monopolios virtuales, como Google, Microsoft, Appel, Facebook, etc., vinculados de una u otra forma a los
estamentos del poder económico y político real y por otro, un
grupo, algo anárquico y fraccionado, pero mucho más dinámico y representativo, que se resiste a aceptar las reglas de juego que
les quieren imponer.
El elemento central de esta contradicción es el enfoque sobre la información y su propiedad. La información como un elemento de libre acceso para todos o la información como mercancía con regulaciones que defienden la propiedad
intelectual sobre la misma y apuestan por un ordenamiento más estricto de la red que les permita comercializarla y restringir su acceso.
Resulta obvio quienes defienden una
u otra posición.
Aún estamos lejos de poder predecir cual de estas dos tendencias se impondrá en el tiempo, pues si bien es cierto que unos cuentan con un gran poder económico y poderosos aliados dentro del sistema, los otros tienen una base social mucho más extensa que genera el temor de los políticos por la influencia directa que podría tener en el apoyo de sus bases sociales y la rapidez con se podría generar una perdida de popularidad si estos perciben que no son tenidos en cuenta.
El vínculo y la interacción directa que tienen hoy grandes grupos humanos a través de las redes sociales, se ha convertido sin duda, en un fenómeno social de impredecibles consecuencias.
Continuará.
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