Verdades sobre el trabajo en Internet
Simplificando el asunto que les quiero tratar hoy, les puedo decir, que hubo épocas donde la fuerza y la habilidad marcaban el poder de los líderes de las comunidades primitivas; otras en que la posesión de tierras y ganado era sinónimo de prosperidad y riqueza. Más tarde después de la revolución industrial inglesa y hasta hace muy poco la posesión de industrias y capitales financieros importantes fueron los sinónimos del éxito y el poder. Grandes empresas y monopolios trasnacionales aún hoy lo avalan.
Pero todo cambia vertiginosamente por la nueva revolución
tecnológica en la que estamos inmersos y los objetivos de poder comienzan a ser
otros bien diferentes a los de siglos anteriores y hasta a algunos que aún
hoy sobreviven.
La información se convierte en el activo más importante de
nuestra época y su control, la manifestación más moderna del poder real. Las
contaminantes industrias son transferidas a la periferia como inversión al
desarrollo, mientras modernas universidades y bellas estructuras de
investigación científica y tecnológica aparecen en otras áreas donde comienza a
concentrarse el poder real y el desarrollo limpio.
Las velocidades de trasmisión datos (flujo informativo) y el
acceso a los mismos, marcan el desarrollo o la pobreza de extensas regiones del
planeta, haciéndose cada vez más marcada la brecha que separa a unos de otros.
De la noche a la mañana surgen grandes imperios cuyo único
activo es el de millones de personas visitándolos en un mundo virtual y
entregándoles libre y voluntariamente sus datos personales, sus intereses,
gustos y hasta sus defectos o virtudes. Son las nuevas verdades del trabajo en Internet. Este fenómeno adquiere mayor
importancia cada día y se perfila como tendencia indiscutible del futuro
inmediato.
Las principales Bolsas de valores del planeta registran
dentro de las más codiciadas acciones las de importantes compañías cuyo activo está en un mundo virtual.
Lo real
y lo virtual y como ambos mundos comienzan a interrelacionarse. ¿A donde nos dirigimos? y ¿cuáles serán las
consecuencias de todos estos cambios? serán preguntas para las tesis de
académicos entendidos; a nosotros sólo nos queda movernos con cuidado dentro de
las nuevas tendencias que aún desconocemos a donde nos llevarán.
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